miércoles, 13 de julio de 2016

El pacifismo como patología (Prólogo)

Prólogo al libro de Derrick Jensen "El pacifismo como patología", publicado por Editorial Viejo Topo en el invierno del 2015.

Cuando el movimiento revolucionario decae, aparece en su interior un abismo entre la teoría y la acción. Esta separación se expresa como un distanciamiento doble: entre los que teorizan y el resto de la gente, y entre el lenguaje teórico y el habla cotidiana. Cuando esa desvitalización alcanza grados extremos, la teoría revolucionaria degenera en un academicismo y la lucha social pierde la capacidad de teorizarse a sí misma. Por el contrario, un síntoma inequívoco del rearme revolucionario es que la teoría vuelve a ser capaz de pensar críticamente en cómo ella misma se produce y se comunica.

La primera impresión que me causaron los escritos de Derrick Jensen fue la de estar frente a una teoría vital y eficaz. Insuficiente y con muchos puntos discutibles, pero capaz de pensar las experiencias personales como productos sociales y como problemas políticos. Este ejercicio es la mejor garantía de que la actividad teórica se desenvuelva en un terreno común de vida y de lucha donde se la pueda compartir, discutir y superar; o sea, donde actúe como una fuerza material. Con esto en mente es que me decidí a seleccionar y traducir los textos que componen este libro. En un sentido metodológico muy preciso, estos escritos de Jensen tienen un valor ejemplar: teorizan la sociedad opresiva y su superación a partir de la experiencia vivida, única fuente de conocimiento realmente accesible para todos por igual. Sintetizando en un mismo enfoque político datos tomados de registros medioambientales, informes científicos, estudios en psicopatología, historia, testimonios de indígenas en resistencia, hallazgos personales y conversaciones con amigos... todo esto de forma explícita, Jensen muestra un modo de teorizar que es válido por sí mismo más allá de si compartimos o no sus conclusiones o su énfasis en unos temas por sobre otros. La teoría que emana de la práctica viviente, que lo sabe y no trata de ocultarlo, alcanza la radicalidad sin necesidad de referirse a otras teorías con fama de radicales. No se valida citando muchos textos y autores, sino partiendo de la vida concreta para regresar a ella como una inteligencia que la mejora.

Derrick Jensen ha alcanzado cierta notoriedad en los medios de izquierda norteamericanos, donde es conocido como un “ecologista radical” y “anarco-primitivista”. El anarquismo primitivista no critica el capitalismo en su especificidad como modo de producción, sino que extiende la crítica a sus premisas históricas: la civilización agraria y urbana, la industria, la ciencia y la tecnología. Aunque algunos ecologistas de esta tendencia conciben la naturaleza como una entidad distinta del ser humano y ven a éste como un agente patógeno, Derrick Jensen está lejos de ese enfoque. Su crítica del ambientalismo apolítico se extiende hasta abarcar un amplio espectro de prácticas e ideologías ecologistas, no sólo por sus métodos absurdamente ineficaces, sino porque expresan el mismo tipo de liberalismo sobre el que se sostiene la cultura ecocida dominante. En la crítica planteada por Jensen la naturaleza y el ser humano ya no aparecen como esencialmente distintos, sino como forzados a separarse en pos del crecimiento económico abstracto. Tras esta crítica subyace la ambición de otra forma de vida humana, y de otra relación con la biósfera. El tipo de crítica expresada en este libro suele provocar la desconfianza y el menosprecio de los militantes de izquierda, y el horror de los eco-ciudadanistas. En el caso de los primeros, esa desconfianza sólo puede explicarse por su ignorancia de la teoría revolucionaria del último siglo y medio, ignorancia que les impide percibir el parentesco entre las ideas de Marx o de Kropotkin, por ejemplo, y las de Jensen. En realidad, los ecologistas radicales no han hecho más que tomar el análisis de la dominación social en el punto en que todas las variantes del marxismo lo habían abandonado: allí donde las fuerzas productivas, la técnica, la industria, la producción económica, se presentan como meros instrumentos con un valor siempre relativo, y donde el ser humano en su aspecto más concreto y vivencial aparece de nuevo como la raíz de todos los problemas y de todas las soluciones, como la única vara con la que se puede medir su propio devenir histórico y del mundo material que éste produce. Todo indica que los marxistas, incluso los que critican la alienación y el fetichismo mercantil modernos, aun no saben cómo cuestionar su base material más arcaica, ni qué hacer con las relaciones de dominación en cuanto tales. En cuanto al ecologismo ligero y ciudadanista, no hace falta insistir en la crítica que el propio Jensen ha expresado en los textos que componen este libro.

El foco de estos escritos está puesto en la acción, en ese movimiento de cuerpos físicos que es el momento decisivo de toda lucha entre explotados y explotadores. Se argumenta no para convencer a los lectores de unos principios generales, sino porque se ha reconocido que la situación es grave y hay que hacer algo al respecto. Y al contrario de lo que algunos deducen, este énfasis práctico no supone de ningún modo sacrificar la profundidad crítica. Estos llamamientos contienen la crítica del valor y de la ideología, de la militancia alienada y del espectáculo, en unos términos que a primera vista parecen no deberle nada a Marx, ni a Debord, ni a Jappé, pero que surgen con toda naturalidad de la experiencia de vivir en oposición a los mecanismos más insidiosos de la opresión moderna. Y por eso mismo contienen en germen la superación de esas aliena- ciones: primero, porque al basarse los argumentos en experiencias personales, nos remiten a la universal aptitud de los seres humanos para reconocer la opresión y rebelarse contra ella; y segundo, porque su narrativa lógica pero no jerárquica ni lineal expresa el acercamiento entre los polos que la cultura dominante intenta separar artificialmente para debilitar al ser humano: intuición-intelecto, cuerpo-mente, reflexión-acción. Con esto debiera quedar claro por qué el elemento unificador en estos textos no es ningún principio teórico abstracto, sino la lucha práctica, la experiencia vivida, expresada coloquialmente para no escindirse de sí misma en una nueva especialización intelectual. Estos son unos escritos teóricos en el sentido más fiel del término “teórico”: son visiones de lo que se vive y se quiere. No pretenden exponer una elevada sofisticación intelectual como fin en sí mismo, sino que buscan clarificar y precisar la lucha social por la emancipación. Quieren ser la inteligencia de la práctica, nacida de ella misma para impulsarla aun más lejos. Estos escritos deben ser leídos, sobre todo, como un llamado a la acción y al combate.

Descargar libro: https://goo.gl/NJJiUh

Chile: los gorilas estaban entre nosotros

Prólogo al libro re-editado por Editorial Viejo Topo, en la primavera de 2014.

(...) En este libro se examina muy de cerca la “vía chilena al socialismo” ensayada en 1970-73. De él se hizo sólo una edición en castellano y una en inglés en 1974, y no parece haber sido leído por mucha gente. En el Chile de esos años, cuando los militantes querían entender los sucesos importantes, leían de preferencia a autores prestigiados como dirigentes partidarios, o bien la prensa de las diversas organizaciones revolucionarias. Esos textos no eran siempre muy esclarecedores, pero expresaban –y al mismo tiempo moldeaban– el sentido común de la época. Por lo general se los leía no para descubrir perspectivas nuevas, sino para confirmar las que ya se tenían (a menudo la línea dictada por los jefes del partido). Las teorías se usaban menos para emprender nuevas exploraciones que para prevenirlas.

Las cosas han cambiado. Ahora la línea de pensamiento correcta ya no es impuesta por dirección partidaria alguna, sino por un tibio sentido común filisteo que lo invade todo. Las fuertes discrepancias teóricas y políticas de esa época hoy se expresan como diferencias de opinión, lo cual quiere decir que la conciencia social de entonces no evolucionó, sólo se atenuó. Para decirlo de otra manera: desde los días de Allende y los Cordones Industriales, la conciencia teórica sobre el capital y el trabajo, sobre las clases y la transformación social, no se ha revolucionado con la radicalidad y presteza con que la propia sociedad capitalista se revolucionó en ese lapso. El resultado es que hoy en el movimiento social siguen predominando los mismos puntos de vista –y por lo tanto las mismas opciones prácticas– que en 1970-73 se combinaron para crear un callejón sin salida histórico. Este congelamiento de la conciencia social hace que cualquier discusión sobre ese período se bloquee tarde o temprano en el mismo punto muerto en el que quedaron varados los revolucionarios de entonces. La praxis social de hoy, con todo lo que tiene de viviente y subversivo, casi no se reconoce en esa historia y busca su propia expresión teórica al margen de toda referen- cia a conceptos como “revolución” o “lucha de clases”. Cosa muy comprensible, ya que los únicos que siguen empleando estos conceptos no parecen tener nada que hacer con ellos excepto darles el mismo sentido que se les daba en 1973, casi como si desearan recorrer el mismo camino para llegar al mismo resultado.


Prólogo y libro completo en PDF:
https://goo.gl/rB8DAV